A mediados del siglo XX, el aloe reaparece en nuestra medicina utilizándose para diferentes usos dependiendo del país:
En la India lo utilizan como emenagogo (provoca la menstruación), estomacal (equilibrando las secreciones gástricas) y vermífugo (elimina lombrices intestinales).
En China emplean hojas y el gel fresco como remedio de primeros auxilios.
En Méjico se usa para curar heridas, quemaduras e incluso lepra.
En EEUU el gel fresco trata multitud de afecciones dérmicas, como psoriasis, eccemas, dermatitis, etc; para reducir el dolor causado por quemaduras y como regenerador cutáneo, incluyéndolo también en veterinaria. Algunas tribus de los indios americanos se aplicaban el jugo diluído para evitar las picaduras y cicatrizar heridas.
En Japón la medicina popular lo utiliza como remedio gastrointestinal, quemaduras de insectos y heridas en general.
En Filipinas , las hojas las usan para aliviar el sufrimiento de enfermos de beri-beri y la alopecia.
En las islas de Trinidad y Tobago utilizan el aloe con huevo para los resfriados y el asma, y también para las heridas y contusiones. E incluso mezclado con agua de mar para curar úlceras gástricas.
En el Congo, se frotan las hojas por todo el cuerpo para eliminar el olor corporal.
En Jamaica y Malasia se colocan las hojas sobre la frente para calmar el dolor de cabeza.
En Cuba mezclan el jugo de aloe con azúcar y ron para los resfriados.
En Colombia utilizan el jugo contra las picaduras de los insectos.
En Egipto consideran a la planta como un amuleto de buena suerte y la colocan a la entrada de casas y lugares de trabajo.
En Africa del Sur tratan las heridas infectadas, las quemaduras y eccemas con las hojas frescas aplicadas directamente sobre la piel. También para curar algunas enfermedades parasitarias.
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